GOTITAS POR LA VENA
una y otra vez, vuelvo a empezar...
29.12.04

en un estanco de Brooklyn

Smoke, la vi por primera y última vez, hace por lo menos nueve años, no la recordaba, me tropecé con ella hace unos días y la compré, sabía que me gustó, solo sabía eso, tengo buena memoria para las películas, pero de esta no me quedaba nada, solo el nombre, smoke, y poco más. Hoy la he visto, primera sorpresa, guionista Paul Auster, como le gusta jugar al subconsciente, hace meses que un libro de Paul Auster reposa en mi mesita de noche, no he pasado prácticamente del principio, no me entra, no entendía porque lo había comprado, qué me impulsó a pensar que iba a disfrutarlo, que merecía la pena, qué me impedía abandonarlo, pasar a otro, darlo por imposible. Ahora ya lo sé, fue esta película, pero no era consciente. También sé que cuando acabe de escribir esto, empezaré ese libro y lo leeré con otros ojos, con ojos apasionados, con admiración, es muy importante leer con admiración, para mí, en ocasiones, lo es todo.
El libro de las ilusiones, así se titula, doblaré la almohada, me pondré cómoda y volveré a abrirlo desde el principio, como si fuera la primera vez que cae a mis manos.
Después cuando ya esté cansada, cierre los ojos y por fin me duerma, quién sabe, quizá sueñe con la mirada triste de Willian Hurt, o la voz segura y cálida de Harvey Keitel, con todas esas palabras escritas en un idioma que no entiendo, mejor dicho, en dos idiomas, uno que no entiendo y otro que es el mismo que mi corazón habla.

escrito a las 1:30 a. m. por Teresa

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28.12.04

adornos

La carretera está llena de gente que vuelve a casa. Ya es de noche, las temperaturas siguen bajando y la luna es grande, alta, hermosa, mucho más hermosa tras la ventana delantera de un coche.
Los dos tienen sueño, viajan con resaca, niebla, oscuridad y deciden parar un momento para comer algo. Ella no baja del asiento, hace demasiado frío. Él entra en el área de servicio a por café y bocadillos, hay bastante cola, va a tardar. Ella se acomoda en su asiento, sube un poco más la radio y se dedica a observarlo, las paredes del bar son de cristal y lo ve moverse de un lado a otro, entre toda esas personas desconocidas, y las luces de Navidad colgadas por todas partes, un árbol, una estrella, coches que entran y salen, él allí en medio, como un perfecto extraño. Suena You Don’t Know Me, sube otro poquito más el volumen, y mientras Diana Krall susurra, de pronto, le viene a la cabeza un cuento de Kundera, no recuerda el nombre del libro, era sobre una pareja, también viajaban, él la hacía bajar del coche y la recogía un poco más adelante, como si fuera una autoestopista.
Se le escapa una media sonrisa, fantasea con la idea de hacer algo parecido, incluso puede bajar ahora que él no la ve y darle una pequeña sorpresa. Es una sensación divertida, intensa, agradable, tan agradable. Él sigue esperando dentro, tiene tiempo, ella abre un poco la ventana y una aire helado le azota la cara, en ese momento la canción se acaba y despierta, la sensación se desvanece, recuerda los regalos en el maletero, los que los esperan, no es el lugar, no es el momento, no puede hacerlo, si lo hiciera no sería ella, si lo hicieran no serían ellos o por lo menos, si lo hicieran, no sería Navidad.
Y pensándolo mejor, ese relato acababa mal, muy, muy mal.


escrito a las 9:27 a. m. por Teresa

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24.12.04

Respira, respira, respira, aire, toma aire, llena bien los pulmones, una vez, otra, respira y deja ya de comportarte como si tuvieras quince años. Tienes que hacer algo, algo para evitar, te estas poniendo en evidencia, es evidente, nunca aprendes, no te enteras, no ruegues estúpida, hazte de rogar.

escrito a las 1:30 a. m. por Teresa

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23.12.04

Desayuno, mejor dicho, tomo un té, no me entra la comida, estoy nerviosa, inquieta, duermo mal y a la vez, me siento bien, hay algo en ese cosquilleo que me agrada, es cambio, cambio, soy yo mutando a pasos agigantados. Música, té, después me espera la óptica y comprar regalos, y papel para envolverlos, Navidad es pasado mañana y casi no me estoy dando cuenta, deprisa, así sucede un día tras otro. Yo me empeño en deslizarme por la vida lo más despacio que pueda, mientras las circunstancias me lo permitan, no pretendo estirar el tiempo, solo adaptarlo a mí, ya no me apetece más eso de ser yo la que se adapta a algo o alguien.
Ayer me probé unas lentillas por primera vez, que sensación tan desagradable cuando te agarran el párpado con fuerza y te introducen esa cosa en el ojo, y me decía mi salvador mira abajo, al lado y yo solo podía llorar, a borbotones. Que paciencia tuvo el hombre, cuando me encuentro gente así pienso, que suerte, ser tan paciente, si fuera yo, seguramente ya me habría comido la lentilla. Pero no, él intentó, una vez y otra, hasta que lo consiguió, me miré en el espejo y mi sonrisa ya no era borrosa, fue como magia, realmente un momento mágico, cuando salí de allí, mirando los árboles y viendo todas y cada una de sus hojas, la calle, las caras de la gente, tenía un par de ojos útiles, válidos, yo también me sentí más útil y válida. Solo las pude llevar tres horas, pero hoy, mi salvador me enseñará a ponérmelas y si todo va bien, pronto, pronto, mi mirada llegará a todas partes.

escrito a las 9:40 a. m. por Teresa

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22.12.04

esa luz

Me cansé de escribir ciertas palabras: ventana, oportunidad, nuevo, grande, eterno, siempre, corazón, alma, entrañas, sentimientos, sentir, absurdo, inevitable, nacer, necesito, pienso, noche, frágil, débil, vulnerable, frío, helado, huesos, luz, estrellas, niebla, pena, tristeza, inmensa, alegría, hoy, mañana, ayer, algunos, ocasiones, personas, universo, mundo, mejor, casi, amor, desprecio, patético, ratón, ojos, mirada, pupilas... de todas ellas, de muchas más, me cansé esta noche. Y de la foto nació una historia, que debido a estos y otros prejuicios, murió en el acto.

escrito a las 1:25 a. m. por Teresa

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21.12.04

felices fiestas

Alguien me habló de Mark Anthony hace unos días, si, es verdad, el último disco no vale nada, pero me acordé de los anteriores, y bueno, aquí estoy a las nueve de la mañana, que me dio por ahí, escuchando esta especie de pseudo-salsa que canta, en que todas las canciones empiezan con la voz tenue, apenas sin música y a partir de una frase, el ritmo sube, el volumen sube, la trompeta sube y mi corazón se ensancha, como las migas de pan en remojo, se hace grande, grande, y me pone en pie. No moverse es literalmente imposible.
En cuestión de gustos siempre he rozado ese limite, el que está tocando el techo de lo que es hortera y el suelo de lo aceptable, y si me pongo a pensar con casi todo me pasa lo mismo. Porque vistiendo, pues si, cuadros con rayas, topos con flores, no creo que llegue a causar daño a la vista, pero elegante es algo que siempre me hubiera gustado ser, aunque nunca hice nada por conseguirlo, ni creo que empiece a estas alturas. El cine, he disfrutado con auténticos bodrios cutres, que no mencionaré, porque realmente son innombrables. Comida, uy, en ocasiones, me invade una necesidad imparable de fritanga, de patatas bravas, de pizza en cantidades industriales. El vino... mejor no sigo, creo que ya se entendió.
Esto no quiere decir que no disfrute, de otras músicas, otras películas, del buen comer, claro que sí, como la que más.
Solo soy una mujer fácil. Fácil de contentar.
Y si estás pensando que regalarme por Navidad ¿Qué te parece toda una noche bailando salsa, hasta el amanecer? Sí, de esas, como las de antes.


escrito a las 10:19 a. m. por Teresa

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20.12.04

sin tratar de evitarlo

Entró en el bosque, ojos vendados,
las manos heladas, los pies desnudos.
Y se perdió para siempre en el tacto del musgo,
en el crujir caprichoso de las hojas secas.
Para olvidarlo todo,
para empezar de cero.


escrito a las 2:47 p. m. por Teresa

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17.12.04

Algunos descubrimientos son reveladores, otros simplemente dolorosos. Todos útiles, según se mire, aunque sea para limpiar un poco los lagrimales y ahorrar en colirio.
Hay personas creativas, felizmente creativas, personas a las que admiro y porque negarlo, envidio en ocasiones y me ahorro eso de la envidia sana, porque la envidia nunca puede ser sana, es solo una prueba más de nuestras propias miserias, querer ser otro, eterna zanahoria que cuelga sobre la nariz de los por siempre insatisfechos, incapaces de la acción más allá de los sueños. Entre ellos me incluyo, pero eso no es todo, me pregunto ¿Creación o simplemente llamar la atención? De algún modo sospecho que cuando se han probado todas las formas de reclamar afecto y ninguna ha parecido funcionar, pretender hacer algo especial, ser diferente, crear, crear para después ofrecer, es otra alternativa, una más, una alternativa disfrazada, peligrosa, porque al final acabas confundiendo creatividad con debilidad.
Todo bien escondido, en alguna parte del cerebro de esas que no destaparías por nada, pero, se abre sola, se abre y me infecta por dentro, ahora que empiezo a disfrutar de la escritura, ahora tomo consciencia de toda mi incapacidad, soy incapaz y ¿porqué? porque no fue un don, ni un talento lo que me movió a escribir, fue la soledad, la necesidad de evasión, y todas esas palabras que junto no son más que una terapia, o una anti-terapia más bien, el buscar fuera, siempre fuera, pasa el tiempo y sigo necesitando la aprobación, dime que te gusta, por favor, porque yo siento, realmente, que no valgo nada.
Empecé a leer con cuatro años, se supone que iba a ser una niña prodigio o algo así, pero no, lo único que conseguí es una miopía galopante, por forzar la retina antes de tiempo, encontré en las letras otros mundos, y quise abrazarme a ellas, hacerlas mías, pensaba que escribir era un acto de amor, a la literatura, me horroriza darme cuenta que en mi caso no, no es más que una simple, pura y patética falta de autoestima.

escrito a las 11:10 a. m. por Teresa

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16.12.04

Hoy he soñado con agua, agua de mar. No recuerdo otra imagen, pero me ha invadido esa especie de nerviosismo adolescente, ese dolor leve que comienza en el cuello y acaba en el estómago, eso que yo asociaba con “va a pasar algo” y que el tiempo se empeño en demostrarme lo contrario, que no pasaba nada, nada fuera, todo dentro, si prestaba la atención suficiente.
Estoy así, y empiezo a tener necesidades, necesidades encadenadas, el primer eslabón, la necesidad urgente de escuchar Killing me Softly de Fugees, ya la tengo, la escucho una vez, otra, seguidas, sin parar, y el dolor deja de ser lineal, para convertirse en un círculo que da vueltas en el centro de mi pecho. Hacía tanto tiempo que no escuchaba esta canción, sé que escribí algo sobre ella, y también una vez escribí pensando en ella, pero no había querido volver a escucharla, tampoco es exactamente así, simplemente no se me había ocurrido. Segundo eslabón, buscar lo que escribí, pensando en ella, lo encuentro, lo leo, hace ya más de un año de este escrito, que forma parte de una historia inacabada:

Me he pasado la vida deseando tener tiempo libre, desde pequeña esas dos palabras me sonaban a música celestial, siempre han sido pequeños momentos, para poder hacer lo que me diera la gana. Pero ahora todo el día se ha convertido en un recreo y me ahoga, porque de repente todo lo que soñaba con hacer ya no me apetece, me asusta no tener una referencia, un después de…No tener que volver a ningún sitio, a ninguna hora, pasear por las calles con el único propósito de ver avanzar los minutos, sentarme a comer en un bar y sorprenderme de lo poco que puede durar una comida cuando estás sola. Yo no elegí estar sola, tal vez fantaseé alguna vez con la idea, pero no me lo imaginaba así. Siento que tengo que estar ocupada todo el tiempo, fumando, mirando algo, leyendo como si todo el mundo me estuviera observando, esperando un momento de debilidad para atacarme. Tengo que relajarme, me empieza a doler la barriga, vuelvo al hostal, me encierro en la habitación, me paso la tarde mirando el techo, mientras oigo el agua de una ducha, portazos, risas, conversaciones en idiomas que no entiendo. Cuando me asomo a la ventana ya es de noche, pasa un grupo de chicas, alegres, con la única preocupación de parecer guapas y me invade su perfume. Huelen a esperanza. Me contagian y por un momento me olvido de mi angustia. Me ducho, me pongo el vestido azul que me regalaste y bajo a la calle. Primero paso un momento por la playa, hay luna llena, me mojo las muñecas en la orilla y tiro el reloj al agua.

Lo leo, escucho la canción y me escucho a mi un poquito, para variar, me gusta lo que leo, pero no es sincero, ya no, tampoco entonces, por eso está inacabado, no es eso lo que quiero contar ¡Qué cojones quiero contar! No lo sé, es como esas palabras que permanecen en la punta de la lengua para siempre, no me sale, está dentro, pero no sale, y es frustrante, muy frustrante, mil veces frustrante.
Agua, agua de mar por todas partes, y la canción que sigue sonando.


escrito a las 10:07 a. m. por Teresa

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15.12.04

los tres

Allí estaban los tres, caminando despacio, charlando, supongo, porque no podía oírlos, pero los imaginaba charlando, tranquilamente. Allí estaban los tres, y yo, y tú, compartiendo un lugar normalmente concurrido y que extrañamente estaba vacío. Por eso decidí llevármelos, hacerlos míos, a los tres, porque sin saberlo, de algún modo forman parte de mi vida, de uno de mis recuerdos más bellos y porque su presencia, rompiendo la nada, se me hizo tan irreal, tan necesaria.
Ahora juego con ellos, los convierto en traficantes, adolescentes, agentes secretos, escritores meditabundos, puedo hacer lo que quiera, no importa bajo que forma los esconda, no dejan de ser más que un tobogán, un tobogán que aparece solo con mirarlos, y que traslada mi alma, a ese día, ese momento, en que los tuve delante por primera vez.
A esas horas que simplemente vivía, con la certeza absoluta de que iban a ser inolvidables.


escrito a las 1:34 p. m. por Teresa

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13.12.04

sobrevive

A pesar del frío
a pesar de la tristeza
a pesar del temor a la soledad
a la soledad eterna, infinita.
Aunque todo sea demasiado grande,
inalcanzable, lejano.
Aunque sienta mi debilidad
como un alfiler oxidado,
que me atraviesa día y noche.
Déjame ser la flor que sobrevive en la nieve.

escrito a las 2:14 p. m. por Teresa

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9.12.04

un camino nuevo

Hay algo que me fascina en la sinceridad de las ramas desnudas. Árboles frágiles, víctimas del otoño, que no puedo dejar de mirar, cuando los tengo delante. Parecen desvalidos, temerosos del frío que ha de venir, asustados, enfermizos, hasta este punto entiendo que me atraen al sentirme identificada con ellos. Pero por momentos, la luz del sol cambia, dándoles un color nuevo, y me parecen fuertes, colosos, bellos, espejos mágicos de todo lo que puedo llegar a ser, solo con proponérmelo.

escrito a las 7:03 p. m. por Teresa

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8.12.04

Mientras escribo, en el iMesh van bajando canciones, Rita Pavone, Mina, Ornella Vanoni, escucho a Ornella ahora mismo y me gusta, su voz, el piano, la letra, letra que como siempre habla de amor, de un amor tan simple que puede adaptarse a una melodía, que se acomoda, se intensifica subiendo y bajando al compás de la música, pero yo quiero escuchar Sempre de Gabriella Ferri y esa no baja, permanece inmóvil, y así pueden pasar días, quizá hasta que me canse, cancele, apague, o me olvide. Pero las ganas que tengo ahora de escucharla ¿Qué hago con las ganas? Con las ganas de abrazarme fuerte a un recuerdo, con el alma, fuerte, fuerte, como si no existiera nada más fuera de ese abrazo.
Y a la vez tengo ganas también de ser otra, de sentir otra, de ser capaz por ejemplo, como la Maga, de dejar morir un hijo de fiebre, sin perder la identidad, un hijo que muere en la habitación de al lado, y seguir siendo la Maga, ausente, indiferente, no sentir así, no sentir nada, encontrar la tecla que anule los sentidos.
Suspiro, suspiro y me invade un cansancio tan grande, que estoy segura que no puede pertenecerme solo a mí, es un cansancio eterno, de siglos, arrastro el cansancio de otros, y cada vez me importa menos lo que puedan pensar de mí, lo digo con toda la seguridad que me da saber cuanto te quiero, a ti, te quiero, y a ti, a ti también y a vosotros, os quiero hasta con las pestañas, por fuera, por dentro, mi corazón es inmenso cuando de querer se trata, pero a la vez tengo tanto miedo.
Ahora escucho Domenico Modugno, canta Ave María, Gabriella sigue muda, yo sigo esperando, los altavoces retumban, y mis manos teclean desesperadas, intentando en vano huir de la tristeza.

escrito a las 9:13 p. m. por Teresa

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2.12.04

Solo intentan despertar el deseo, deseo en pareja, un deseo que solo parece nacer en la piel de otros, deseo que desean recuperar.
- Me acuerdo de tu cara, pero no sé de dónde.
Ella solo alcanza a mirarlo pícara, sorbiendo un san francisco con pajita y ocultando, labios cerrados, su risa de conejo.
Solo él habla, preguntas, la invita, una copa, dos, siete, y ya bien mareados, juegan más sueltos, vamos a tu casa, las manos que buscan, susurros al oído, todo lo que piensa hacerle, hasta lo que nunca le hizo.
La llave que no entra en la cerradura, los nervios, al fin abren, calor, humo, de la cocina sale humo.
- Huele bien raro. Comenta él, mientras la efímera llama se apaga, sin contemplaciones.
En los fogones se queman unas palomitas con miel, pegadas, negras, y las manitas autoras se han escondido debajo de la mesa.
- No tuve con quien dejar a mis hijos.
Ella. Ojos suplicantes.
- ¡Deja de fingir joder! No se los quedaba tu madre... da igual (se sube la bragueta) ni siquiera me había empalmado.


Ejercicio 8 de

escrito a las 8:46 a. m. por Teresa

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1.12.04

- Srta. Morales ¡por favor! Ya es suficiente. ¿Puede parar ya de escribir sobre sí misma?
- Si...ejem...claro, perdone, usted disculpe...
- ...
- ¿puedo?

escrito a las 1:17 a. m. por Teresa

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