GOTITAS POR LA VENA
una y otra vez, vuelvo a empezar...
27.9.04

poemilla

escrito a las 6:11 p. m. por Teresa

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23.9.04

Manual de la perfecta ¿escritora? frustrada.

1- Pierde una gran parte de tu tiempo meditando sobre si realmente eres o no escritora. Intenta al menos dos veces por semana definir que personas son escritoras, si las que cobran por hacerlo, las que se sienten como tales o las que simplemente escriben. No llegues nunca a ninguna conclusión.

2- Empieza a escribir siempre recordando la idea de que escribes para ti misma, conforme va avanzando el relato comienza a pensar en las personas a las que vas a ofender, las que no lo van a entender o las que lo van a criticar.

3- Después ponte a soñar con que ganas un premio literario, es importante hacer esto a las pocas líneas, para estar a tiempo de renunciar a un relato que no está a la altura del excelente jurado que te acabas de imaginar.

4- Alimenta tu ego releyendo cualquier tipo de halago hacia tu escritura, saborea en tu mente las palabras de aliento que te dediquen familiares y amigos, por otro lado húndete en una depresión inmediata ante cualquier amago de crítica, constructiva o no.

5- Desconfía profundamente de tu criterio y busca siempre la opinión de los demás como una desesperada. No tengas reparos en permitir que hasta un perfecto desconocido te desmonte una historia que en algún momento te pareció buena, si él dice que es basura, ten por seguro que lo será.

6- Compárate siempre con tus escritores favoritos, disfruta del placer masoquista de sentirte una rata que nunca llegará a ninguna parte.

7- Último y más importante, encuentra mil excusas diarias para no escribir, pase lo que pase no escribas, siempre será mucho más divertido explicar a los demás la cantidad de proyectos que tienes en mente.

Supongo que este manual puede ser útil si sus reglas se aplican al revés. ¿Quién sabe? Yo no desde luego.


Ejercicio 3 de hipertextos


escrito a las 12:12 a. m. por Teresa

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21.9.04

DESDE ESTA BLOG SE TRABAJA ININTERRUMPIDAMENTE PARA PERDER EL MIEDO AL RIDÍCULO. DISCULPE LAS MOLESTIAS, QUE SIN DUDA, LE VAMOS A CAUSAR A PARTIR DE HOY.

Traducción: Ya me cansé de que me atropellen los autobuses, tú me entiendes...

escrito a las 4:48 p. m. por Teresa

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19.9.04

Hay una cueva al final de la calle con forma de caracola. Está escondida tras la puerta de un parking, uno que siempre pone completo y del que todos pasan de largo sin sospechar nada extraño.
Allí es donde voy cuando me sobrecoge el frío. Cuando no se limita a mi espalda y se expande por mi cintura, mi estómago, mis pulmones, mi garganta, un frío que corta, que muerde, que gruñe. Allí me meto y espero, porque todavía hay cosas que yo no decido, y el hielo me abandona solo cuando quiere.
Allí me encontré hace un par de días con una vela encendida y un cuaderno abandonado. Me acurruqué como siempre, en posición fetal, uniendo mi columna a la curva de la caracola, ignorando lo que acababa de ver, pues no quería ni sospechar que alguien más conocía la existencia de la cueva. Cerré los ojos, apreté los puños, comencé a respirar pausadamente. Todavía tardé unas horas en darme cuenta de que no estaba sola. Allí había un hombre cubierto de pieles de borrego, con las manos agrietadas y el rostro cruzado por enormes surcos morados. Su pelo, sus cejas, su barba, estaban repletos de escarcha y una bola de nieve en la boca le impedía hablar, aunque sonreía con la mirada.
Arrancó una hoja del cuaderno y me la mostró, en letras azules pude leer: abrázame, me quemo. Y sin pararme siquiera a pensarlo me hundí en su pecho y rodee su cuello con mis manos, en un gesto desesperado de abarcar alguna parte de ese cuerpo que triplicaba al mío en tamaño.
De sus ojos comenzaron a brotar unas lágrimas enormes, tibias, saladas y la nieve de su boca se deshizo cubriéndome, ahora sí, por completo de agua. De agua caliente, aunque en esos momentos ya nada podía parecerme extraño.
Abrió sus labios acercándolos a los míos y los encajó en un gesto parecido al beso, pero no tenía lengua, ni dientes, solo aire, un aire espeso, aire formando remolinos que cosquilleaban mi paladar.
Nos separamos despacio, intentando alargar el momento. Él todavía más agrietado, blanco y cubierto de hielo. Yo con el cuerpo encendido, la mente nublada de fiebre, la piel irradiando calor, un calor inexplicable, indefinible por desconocido.
Poco después se despidió, haciendo con la cabeza un gesto de agradecimiento. Yo me quedé allí hasta que se hizo de noche, para poder salir sin que me viera nadie.
No he necesitado volver, de momento. Tampoco sé si podré hacerlo, si me servirá de refugio una caracola vacía.

escrito a las 10:47 a. m. por Teresa

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15.9.04

Si no estoy aquí es que estoy en Zaragoza
Por cierto, ya sé que últimamente abuso de los enlaces, pero es que cuando una amiga escribe y encima lo hace tan bien, es imposible no querer compartirlo.

escrito a las 9:04 a. m. por Teresa

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12.9.04

Mañana de domingo, la ventana, la luz, el ordenador, lugares comunes. Me siento en la mesa del comedor, la del mantel de frutas y escribo, escribo sobre lolitas. Pero mis propias palabras no me parecen sinceras, es la segunda vez que lo intento, me leo y no me reconozco. Ya no se trata de escribir bien o mal, simplemente intento decir algo, pero después lo pierdo. Incluso ahora, que simplemente estoy tratando de pensar en voz alta me estoy perdiendo.
No se escribir solo para mí, tampoco se para quien escribo, solo se que algunas veces como hoy, me limito.
Empiezo a estar harta de metáforas, de imágenes, de sensaciones, de transmitir o no, de crear o no, de tratar de lograr este efecto o el otro, solo quiero escribir, de dentro a afuera, encontrando las palabras justas para que el texto hable por mí, para mí, conmigo.
Algunas veces sucede, me gustaría reconocer en qué circunstancias o por qué, ser dueña de esos momentos, dominar esa magia para que me acompañe siempre.


escrito a las 1:56 p. m. por Teresa

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10.9.04

Hoy quiero hablar de la belleza de una madalena, con sus puntitas de azúcar, sus almendritas tostadas y los faldones de papel blanco, perfectamente doblados formando pliegues. Y es que esta madalena tiene el color alegre de la canela por fuera y por dentro es como una nube con alma de esponja. Y su sabor, madre mía, creo que me he enamorado!
Definitivamente, a estas horas el hambre me nubla la mente...



escrito a las 2:16 p. m. por Teresa

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9.9.04

cicatriz

TATUAJE

Elena se desnuda y puedo ver una mezcla de sangre y tinta que cubre el final de su espalda. Me mojo las manos y la acaricio. En su piel enrojecida aparece un dragón de siete cabezas. Una de ellas me mira, el resto parece querer trepar por su cintura.
Elena se tumba boca arriba, manchando mi cama, enciende un cigarro y sonríe, siempre sonríe. Los ojos le brillan de fiebre, por el alcohol, no por mí.
Ya no le hago preguntas, sin embargo responde;
Mi cuerpo ya no es el mismo de ayer, no es el mismo que tocaste ayer, ni el que otros tocaron hasta ayer, necesitaba otro cuerpo, necesitaba otro cuerpo, ¿lo entiendes?
Elena divaga, se pierde, cierra los ojos. Su piel sigue supurando.
Cuando consigo dormir, sueño con cicatrices.


Ejercicio 2 de hipertextos

escrito a las 8:23 a. m. por Teresa

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7.9.04

Solo sé que busco piso...

escrito a las 5:40 a. m. por Teresa

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