GOTITAS POR LA VENA
una y otra vez, vuelvo a empezar...
30.6.04

carretera

Es fácil dejarse querer por la carretera. Sin exigirle un punto de llegada, sin recordar la partida. Engullendo sus eternas rayas blancas, con las que una vez jugamos a ser libres.
Y en un área de servicio, volvernos invisibles, para continuar el camino a ninguna parte.



escrito a las 9:06 a. m. por Teresa

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28.6.04

DUDAS

Algunas veces, al agachar la cabeza, me parece ver como la tierra se cubre de agua. Tropiezo con mis ojos, observándome desde mi propio reflejo y siento que son tan irreales como los lagos callados que sueño bajos mis pies.
Mientras trato de reconocerme en las facciones de un extraño, me inundan las dudas y los trazos del camino que pretendo crear se desvanecen.
La confusión se expande rápidamente, como una plaga. Mis ojos se nublan o el sol se esconde, no estoy seguro, solo sé que no puedo ver, oír, ni oler nada. Me tienta entonces el deseo de volver atrás, regresar al lugar donde soy capaz de habitar tranquilamente a oscuras. Un lugar donde los golpes ya están escritos y el dolor es tan familiar y cómodo como unas zapatillas viejas.
Soy consciente de que los únicos pilares que me sostienen forman parte de mi pasado, de la senda ya construida. En algunos tramos se retuerce como una serpiente y en otros es suave y llana como una canción de cuna susurrada al oído.
Ante mí la nada, pero también la posibilidad, la esperanza y el vértigo.
Derribar un ayer para construir un mañana, intentando esta vez hacer encajar las piezas adecuadamente. No es una tarea fácil para hacerla a ciegas. Corro el riesgo de resbalar y precipitarme de cabeza al vacío.
Es un proceso cíclico, de ratón en su rueda, incluso podría reírme si no estuviera demasiado ocupado en seguir dando vueltas imaginarias. Es realmente cómico que mis decisiones se reduzcan a algo tan sencillo como montar y desmontar, crecer o menguar, sentir o evadirme y yo... yo sigo teniendo dudas.
En estos casos, afortunadamente, aprendí una medida de urgencia tan sencilla como efectiva, parar. Parar un minuto, un mes, un año, el tiempo necesario en cada ocasión, hasta lograr recordar que elegí ser libre y asegurarme que esa elección fue mía. Las sombras me empequeñecen, por eso resulta difícil creer en lo que nunca me enseñaron y sentir que realmente alguna vez merecí satisfacer mis deseos.
Aquí estoy, inmóvil, con el gesto preparado para avanzar y el cuerpo tan encogido y agarrotado que sería imposible hacerlo.
Espero, mientras toda mi vida reaparece ante mí. A diferencia de lo que cuentan los que estuvieron a punto de morir, no parece una película, porque cada gesto, cada palabra, cada gota de lluvia que resbaló sobre mi piel, cada mirada que evité cruzar, las caricias, los atardeceres, las maletas perdidas, las flores muertas sobre arena mojada, las calles que cambiaron su nombre, cada paso equivocado, cada grito que se ahogó al nacer, todo, absolutamente todo revienta en mis entrañas, como un tumor gigantesco que se abre infectándome el alma y se deshace lentamente, resistiéndose a desaparecer.
Permanezco quieto y me parece vislumbrar una pequeña luz, demasiado lejana todavía. Aguanto un poco más, apretando los dientes, dejando que el miedo recorra mi ser hasta saciarse, intentando no someterme a sus cantos de sirena, mientras me muestra todas sus caras. Observo asombrado que tienen la misma forma que mis dudas y comprendo. Siento compasión por mí, por los monstruos que he creado y después temido, sin ser consciente de que eran mis propios hijos. Como pequeños diablos desenmascarados escapan corriendo y las dudas, desamparadas, se hunden en un mar de fango, con las manos crispadas en un gesto desesperado amenazando volver.
Mi cuerpo se ha cubierto de un sudor helado pero esta desagradable sensación me demuestra que estoy recuperando los sentidos. El cielo comienza a aclararse hasta formar una dulce penumbra que mis pupilas celebran cubriéndose de lágrimas.
Me duelen los brazos mientras se deshacen de sus sogas invisibles con la agilidad escurridiza de los peces.
Contemplo el espacio que me rodea, por última vez. Suspiro abiertamente llenándome los pulmones y todavía tembloroso, continuo avanzando.


escrito a las 8:05 a. m. por Teresa

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23.6.04

llegó el correo


escrito a las 10:33 a. m. por Teresa

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18.6.04

Y así, entrelazados, pasaron toda la noche. Sin poder dejar de besarse, esclavos de un ansía nueva que les nacía entre los pulmones.
Al despertar ella encontró un cuaderno abierto junto la cama. En él reposaban escritas a pluma, todas las palabras que dijeron el día anterior. Como título en letras rojas, pudo leer conjuro.
Es que él la consideraba magia y ella solo deseaba que aquello no acabara nunca.

escrito a las 9:32 a. m. por Teresa

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16.6.04



No sé por donde empezar. Si algo tengo claro es que no tengo nada que reprocharte. Tu ya me habías avisado. Desde aquel día en que entré sola en tu estudio y vi esas fotos. Me dejaste claro que estaban muy bien pagadas, que no tenías nada que ver con esa gente, solo te dedicabas a disparar la máquina y revelar, aguantando como podías, para tener más dinero, por el bien de los dos.
Y por el bien de los dos, decidiste, aunque me hiciste creer que la decisión fue conjunta, que nunca más entraría en esa habitación. Y se supone que en aquel momento yo te creí y confié en ti, pero las dudas se desparramaron por toda la casa y fueron creciendo hasta ocuparlo todo.
Y ayer cuando me quedé sola, no pude soportarlo más. Abrí la puerta, encendí las luces, revisé todos los cajones, observé uno a uno los negativos a contraluz, y dentro de una caja de zapatos, en un sobre marrón sin cerrar, te encontré. Porque aunque me cuesta creerlo, ese eras tú. Se me eriza la piel al recordar lo cerca que hemos estado el uno del otro, todas las veces que he besado el tatuaje que rodea tu cuello, el mismo que me ha servido para reconocerte en la foto, porque tenías la cara tapada y tus ojos, no eran tus ojos, nunca antes los había visto así.
Ahora que estoy lo suficiente lejos, he podido parar para escribirte. Mi primer impulso fue escapar, salir corriendo y no sé cuando dejaré de conducir, hasta donde llegaré y como. No sé cuantos kilómetros tendrán que separarnos para que no vuelva a sentir escalofríos.
Solo me he llevado mi ropa, para ti todo lo demás. También me llevo a Milú, al fin y al cabo nunca quisiste quedártelo, así que se viene conmigo, cuidaremos el uno del otro.
No temas por tu reputación, no voy a decírselo a nadie. Supongo que será legal, a pesar de todo. Por mi propia salud mental quiero creer que esos cuerpos cubiertos de sangre y excrementos, llenos de heridas y morados, participaban voluntariamente de la experiencia.
Hay gente que disfruta con el dolor, que te voy a contar a ti, pero yo no puedo entenderlo, o no quiero, no quiero entenderte, no puedo volver a mirarte a la cara.
Que me hayas sido infiel es lo de menos, ni siquiera se si puedo concebir lo que he visto en esas imágenes como una acto sexual, tampoco se si lo haces por placer o por dinero, ni cual de las dos opciones me da más asco. Formas parte de un mundo que me repugna. Mejor dicho, formas parte de un mundo ajeno a mí, aparentemente también ajeno a ti, y tú me repugnas, porque no tenías derecho a tenerlo todo, tus perversiones y nuestra vida en común. Qué pensarías al hacer el amor conmigo, como podías tocarme con las mismas manos con las que mutilabas a otras personas. Aunque si en esta historia hay culpables, son mis manos, no las tuyas, por abrir esa puerta. Porque hasta esa primera vez que entré en el cuarto, lo teníamos todo, lo tenía todo, éramos felices, pero desde aquel día viví con la sensación de que algo se estaba pudriendo a nuestras espaldas. No tuve más remedio que buscar la verdad, con la esperanza de no encontrarla y la realidad me escupió en la cara.
Siempre tuve la sensación de que eras capaz de darlo todo por mí, quizá si que lo eras y soy yo la que te he fallado. Yo no puedo compartir esto contigo, tampoco tu quieres que lo haga porque me lo has ocultado. Te gustaba tener dos caras, ahora te quedarás solo con una, hasta que encuentres alguien como yo, pero con menos curiosidad, a ser posible, para que nunca te descubra.
Espero algún día poder olvidar esas fotos, y en la distancia llegar a comprender que es una opción como cualquier otra, que solo es sexo, por muy retorcido que me parezca ahora. Entonces podré recordar todo lo bueno que me diste y de algún modo sentirme afortunada porque me llevé lo mejor de ti. No se como te sentirás al leer esto, si realmente eres capaz de sentir algo, si te hará tanto daño como el que tú haces a los demás, si te recrearas en tu tristeza, si encontraras placer al sentir que me perdiste o te avergonzaras de lo que he visto. Como ves, no se quien eres, ni como vas a reaccionar. Sea como sea, no importa, si algo he aprendido con todo esto, es que no siempre es bueno saberlo todo.
Adiós Mateo.

escrito a las 11:03 p. m. por Teresa

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15.6.04

Tenía una idea. Creo que era muy buena. Pero no creo que sea capaz de expresarla.
No sin ofender...

escrito a las 10:29 a. m. por Teresa

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9.6.04

De un tiempo a esta parte parece que todo el mundo se esfuerza por ser sincero. Al menos es lo que me parece cuando veo la tele, cuando leo entrevistas, cuando escucho a las personas que me rodean. Todo el mundo desprecia a los mentirosos, tratándolos en los casos más afortunados como cobardes, en los peores como apestados. Pero además hacen un esfuerzo en mirar a los ojos del desdichado embaucador y decírselo a la cara, para que quede bien claro que ellos no siguen su juego, que son sinceros. A la escritura, la música, la interpretación, la pintura, etc. también se le pide sinceridad, se le pide al autor que muestre sus complejos, anhelos, inquietudes totalmente desnudos, sin adornos ficticios. La gente esta ávida de sentimientos a pelo, de escalofriantes hechos reales. Esta ansia de sinceridad, me recuerda más al deseo de encontrar un agujero en la ropa interior tendida del vecino de enfrente. Ser sincero es uno de los caminos que llevan a sentirse superior moralmente, a ser, como tanto gusta repetir ahora “y sobretodo, buena gente”. ¿Sobretodo? Me resulta absurdo que esa sea la cualidad que más se valora en un ser humano. Prefiero aprovechar la libertad de decisión para buscar mi propia moralidad. Reconozco que me siento mal cuando digo una mentira, pero es un lastre social, uno más del que espero desintoxicarme.
Después de todo, es evidente que todo es una fachada, que nadie piense que el pez grande dejará de comerse al chico, solo que él mismo se encargara de informar a amigos y familiares de lo sucedido y estos a su vez de transmitirlo en la tertulia televisiva de la tarde.



escrito a las 5:51 p. m. por Teresa

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