GOTITAS POR LA VENA
una y otra vez, vuelvo a empezar...
14.8.03

Todo empezó con esta frase “¿Y si con lo que sobró de la coca compramos una botella de Baileys?” Si bien es cierto que ya hacía tiempo que algunas merendábamos cañas de cerveza en lugar de chocolate, que nos habíamos planteado en muchas ocasiones beber para soportar las largas tardes perdidas atendiendo un teléfono insaciable y que cualquier excusa era buena para brindar con una botella de cava ( o dos), aquello fue el pistoletazo de salida. Cuando empezó no era tan grave, es necesario aclarar que la víspera de San Juan compramos una coca de piñones y por alguna broma del destino por primera vez no se gastó todo el dinero, allí apareció la tentación, una botella de Baileys bien fría, unos cubitos de hielo, la agradable sensación de calor en la garganta, ponernos de acuerdo por primera vez en bajar el aire acondicionado a 19º… todas unidas, todas amigas, todas riendo en una especie de fiebre leve que milagrosamente conseguía acelerar el tiempo y que las personas que llamaban no parecieran tan desagradables.
Para hacer la situación más propicia, si cabe, los jefes se fueron de vacaciones y decidimos adornar el apartamento con farolillos de papel, serpentinas de colores, nos especializamos en todo tipo de combinados, mojitos, margaritas, cahipiriñas, black russian, pisco souer, (que conste que aprendimos a prepararlos y beberlos pero no a escribir sus nombres) jugábamos con las pelotas de playa que nos regalaron comprando Cruzcampo, cuando teníamos que pedir un médico o una ambulancia en lugar de angustiarnos por la tardanza conectábamos el altavoz y nos poníamos a bailar y cantar con los hilos musicales de espera, ya no le colgábamos el teléfono a los pervertidos que llaman por la línea gratuita al contrario en aquel estado de sana curiosidad nos interesábamos por sus vidas y como estando borracho todo el mundo es bueno se creó un lazo amistoso con esas voces jadeantes que al final resultaron ser más personas que los clientes reales. Durante quince días fuimos felices, no sospechamos, en nuestra inconsciencia que muchas llamadas urgentes se habían perdido, que para algunos no era gracioso que contestáramos “puti club Manoli buenos tardes” en lugar del respetuoso nombre de la mutua, las cartas de reclamación se acumulaban en el despacho del director y el ordenador se llenaba de puntos negros que delataban nuestros fallos, para rematar todas las llamadas quedaban registradas y la entidad perdió en quince días más clientes que en quince años. Entonces volvieron, fue el fin de nuestra alegría, no podían permitirse echarnos a todas, así que todavía quedamos algunas, aguantando otra vez, con la diferencia de que ahora tenemos que beber a escondidas simplemente para seguir viviendo y ya no nos reímos.
La única pena es que nunca fuimos tan valientes como las heroínas de las películas o no estuvimos lo suficiente borrachas para cumplir la promesa de eternizar ese jolgorio y el último día hacer explotar el edificio con nosotras dentro.

escrito a las 12:48 p. m. por Teresa

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